Gálatas 1:19, gramática antigua y cómo evaluar el testimonio de expertos

Por RICHARD CARRIER, 26 de diciembre de 2021

Traducido por Lucio Pigliacampo

En Sense and Goodness without God analizo la pirámide de la evidencia (sección II.3): razón (lógica y matemáticas), ciencia empírica, experiencia personal, hechos históricos, testimonio de expertos, inferencia plausible y fe pura. Demuestro que la fe es demasiado poco confiable para tener un uso epistémico, y que cada método es sucesivamente más confiable que el que se encuentra debajo. El “testimonio de expertos” se ubica bastante abajo en la lista porque, aunque necesitamos confiar en los testimonios de expertos, estos tienen, sin embargo, una propensión documentada a equivocarse (y aún más en las comunidades que confían en ellos sin ningún tipo de crítica) y, por lo tanto, deben ser sujetos a evaluaciones independientes. La arrogancia, el exceso de confianza y el error siguen siendo problemas. Una de las formas de confirmar que un experto no es confiable es encontrar múltiples ocasiones en las que las afirmaciones que realiza acerca de determinados hechos, sobre los que no debería estar equivocado (cosas fáciles de determinar que están directamente en su campo), son demostrablemente falsas. Como un historiador que afirma que tenemos más pruebas sobre Jesús que sobre Alejandro Magno. No es necesario ser historiador para confirmar que eso es falso; y además, para confirmar que no hay excusa posible para que un historiador se haya equivocado justamente en eso. Ahora ya sabes que no puedes confiar en nadie que lo afirme. Cualquiera que sea la experiencia que realmente hayan podido tener, la han abandonado por completo en ese tema; y, por lo tanto, no cuenta para nada.

Digo muchas cosas más sobre cómo los legos pueden cuestionar, verificar y examinar las afirmaciones de los expertos en otros artículos aquí, más directamente en On Evaluating Arguments from Consensus, y de diversas maneras particulares en mis muchos artículos en ejecución sobre Pensamiento Crítico (también dicto un curso mensual en línea sobre cómo mejorar en este aspecto). A veces es tan simple como mi último consejo: elige algunas afirmaciones clave que hace un «experto» (no afirmaciones triviales o secundarias, sino centrales) las que te suenen más dudosas, y analízalas en profundidad para ver si son correctas o no. No caigas en la falacia de «cometieron un error, ergo, no se puede confiar en nada más de lo que dijeron». A veces eso no es una falacia, depende de cuán grande sea el error (después de todo, la afirmación «más evidencia que Alejandro Magno» es en realidad terriblemente mala), pero generalmente se necesitan varios errores centrales para confirmar que hay una tendencia predecible (como señalé en mi Primer on Media Literacy). Y a veces otros expertos o buenos pensadores críticos ya han hecho esto, y puedes beneficiarte de su trabajo si lo han publicado (aunque solo sea en línea), porque entonces puedes examinar fácilmente tanto las afirmaciones del crítico como las afirmaciones del criticado y ver quién está haciendo un mejor trabajo en decir la verdad con precisión. Pero a veces puede ser una tarea imposible; después de todo, hay cuestiones que lleva años dominar y, por lo tanto, los legos se verán obstaculizados. ¿Tienes que simplemente «confiar» en lo que dicen los expertos? No exactamente.

Es más difícil examinar tales afirmaciones, pero no imposible. Además, si hacen otras afirmaciones más verificables que suenan dudosas o llamativas, siempre puedes usarlas como tus casos de prueba, y si éstas ya no funcionan bien, sabes que no tienes que prestar más atención a nada de lo que digan. Te ahorra tiempo. Pero, ¿y si funcionan bien? ¿Entonces qué? Es posible que debas contratar la ayuda de un experto. En cuyo caso, debes hacer todo el trabajo de base posible para demostrarle que es en serio y, por lo tanto, también tomar la menor cantidad de su tiempo, lo que aumentará las probabilidades de que pueda disponer de tiempo para ayudarte con cualquier comprobación de hechos final (vea mi consejo en From Lead Codices to Mummy Gospels). Por ejemplo, hace mucho tiempo Dan Barker me pagó a mí, que en ese entonces era en principio un estudiante de posgrado con competencia certificada en traducción de idiomas extranjeros, cincuenta dólares para “verificar” el alemán original detrás de la traducción al inglés de tres oraciones supuestamente pronunciadas por Hitler. Me proporcionó toda la información que pudo reunir; lo único que no pudo hacer fue verificar que las traducciones fueran correctas y que no estuvieran sacadas de contexto. Pero yo pude. El resto ya es historia.

Otra forma de hacerlo es averiguar si ha habido algún debate o intercambio de expertos sobre el punto en disputa. Quizás con la ayuda de un bibliotecario de referencia en tu biblioteca pública local; o incluso la biblioteca del instituto, la universidad o el seminario, muchas de las cuales están abiertas al público, o al menos tal vez cuando ceda la plaga actual; no obstante, en los EE. UU., una biblioteca pública te proporcionará cualquier cosa a través de un préstamo interbibliotecario, como máximo por una tarifa nominal y, a menudo, de forma gratuita. Pero aparte de esa tarea, supongamos que terminas confirmando que algún punto solo se ha argumentado bajo revisión por pares una vez, y solo ha sido «refutado» bajo la revisión por pares también una sola vez, pero luego encuentras otro trabajo revisado por pares cuyo autor no solo está del lado de la conclusión original, sino incluso da sus razones. ¿Qué puedes hacer entonces?

Esa situación es mucho mejor que la de un experto que se limita a insistir en que debes confiar en su opinión, «porque, experto». De hecho, a no ser que realmente no les interese el tema y no quieran perder el tiempo, si sólo responden a una pregunta de este tipo con «porque, experto», puedes empezar a tener motivos fundados para dudar de ellos. Ya que un verdadero experto puede explicar por qué está seguro de algo. Eso es, literalmente, lo único que los convierte en expertos. De ahí que un verdadero experto que tenga tiempo e interés nunca necesita decir «porque, experto». Porque al ser un experto (o pretender serlo), sabría cuáles son los datos y por qué son convincentes. Incluso si requiere algún tipo de trabajo de base para entenderlo, pueden articular por dónde empezar a construir ese conocimiento de base. Pueden ofrecerte una bibliografía significativa. Pueden decirte lo que podrías hacer para reunir al menos la experiencia suficiente de la que ellos disponen en abundancia para «ver por dónde va el tema». Así que no te fíes mucho de ningún experto que se limite a decir «porque, experto» cuando se le pregunte por qué tiene razón o por qué cree algo que está siendo debatido seriamente. (Y aquí por debate serio me refiero, sobre todo, pero no sólo, a cualquier debate cuyas dos partes hayan sido publicadas bajo revisión por pares por una revista o prensa respetable).

El caso de Gálatas 1:19

En cierta ocasión estaba discutiendo con alguien un tema completamente diferente (cómo evaluar las afirmaciones de un antropólogo sobre la ciencia y la historia de la economía, cuando uno no es antropólogo ni economista… una larga historia). Pensando en ello, utilicé un ejemplo en donde a veces los legos pueden quedar atascados: las lenguas antiguas. A menudo, no hay forma de ponerse a punto lo suficiente en el tema como para poder examinar de forma fiable las afirmaciones que realizan los expertos en el mismo. Mi consejo fue buscar las afirmaciones más verificables para comprobar la fiabilidad de alguien, y dejar de lado las inescrutables. Pero también se puede buscar lo que los expertos ya han dicho en un debate sobre algún punto, y cualquiera que haya desarrollado su habilidad con el pensamiento crítico puede entonces evaluar el debate entre ellos. Lo cual, en mi opinión, debería incluir a todo el mundo: perfeccionar tu pericia en el pensamiento crítico es incluso más importante que saber primeros auxilios o cómo manejar un arma, y esto lo dice un firme defensor de la milicia cívica responsable. Así que, si todavía no has llegado a ese punto, es momento de empezar. Es una habilidad que mejorará tu efectividad en literalmente todos los aspectos de tu vida y tu pensamiento, y es en este momento esencial para ser un ciudadano responsable de cualquier democracia. Los preparacionistas sólo serán atropellados por los tanques. Los auténticos pensadores críticos evitarán que los tanques marchen.

Se me ocurrió entonces que podía explicar este punto con un ejemplo claro, que implicaba, de hecho, la lengua y la gramática del griego antiguo. De la misma manera que se puede encarar esto como observador lego, se puede implementar para examinar cualquier otra disputa de expertos en cualquier otro campo. El ejemplo que tengo en mente es lo que, de hecho, dice Pablo en Gálatas 1:19. Ahora bien, hay varias habilidades y herramientas utilizables incluso por los legos para llegar y entender el griego subyacente (enseño esas habilidades en mi curso mensual en línea de Estudios del Nuevo Testamento para todos). Pero aquí procederé como si no dominaras nada de esto, y creo que con razón, porque esta es una cuestión tan difícil y esotérica (como pronto verás) que esas herramientas y técnicas probablemente no te ayudarían aquí de todos modos. En cualquier caso, este es el enigma. La Nueva Versión del Rey James (que no es más que la traducción original del siglo XVII actualizada a la lengua vernácula inglesa del siglo XX) afirma que Pablo dijo «no vi a ninguno de los otros apóstoles, excepto a Santiago, el hermano del Señor». Pero la Nueva Versión Internacional (que ha sido actualizada sobre la base de revisiones del griego original por parte de un comité de expertos y de los estudios publicados al respecto) afirma que dijo «No vi a ninguno de los otros apóstoles — sólo a Santiago, el hermano del Señor».

La diferencia es bastante importante: la primera está indicando que este Santiago era un apóstol. La segunda dice explícitamente que no lo era. En otras palabras, si la NVI es correcta, Pablo se encontró con un solo apóstol ese día Pedro (Cefas en arameo) y con otro cristiano llamado Santiago que no tenía rango apostólico. Ahora, si esto todavía significa que él era un hermano biológico de Jesús o hermano solo de manera cultual, como lo eran todos los cristianos bautizados, no lo discutiré en este momento. Ya conoces o puedes encontrar mi caso completo sobre el tema en el capítulo 11.10 de mi monografía académica On the Historicity of Jesus.. Pero uno de los puntos que expongo allí es que la traducción de la NVI es correcta; los traductores de la Biblia habían estado interpretando erróneamente el versículo de acuerdo con sus suposiciones basadas en la fe, pasando por alto el hecho de que la gramática en realidad descarta esa interpretación. Y, evidentemente, el comité de traducción de la NVI (todos expertos, aunque evangélicos) estuvo de acuerdo.

No, esto no significa que la NVI sea la traducción más confiable. Sigue cometiendo errores y contando con traducciones por presunción o sesgo. Todas las Biblias apestan. Solo difieren en dónde y cómo, y algunas veces con qué frecuencia. Yo mismo, como experto, verifiqué este caso de forma independiente y concluí que esta vez la evidencia respalda al comité de la NVI. Pero, ¿y si no eres un experto? ¿Cómo puedes saber si esto es así o no? Quizás la NVI alteró su traducción aquí como estrategia contra sus oponentes sectarios (como católicos o coptos). Solo tienes que buscar en Google “New International Version vs King James” para ver un montón de discusiones sobre cómo difieren y por qué esto podría importar (y por qué la NVI no es siempre mejor).

En OHJ pongo el caso así:

“…por qué no dijo Pablo simplemente «de los que fueron apóstoles antes que yo [1.17] no conocí a ninguno excepto a Pedro y Santiago [1.18-19]»? ¿Por qué construye la enrevesada frase «Consulté con Pedro, pero no vi a otro de los apóstoles, excepto a Santiago»? Como dice L. Paul Trudinger, «esta sería sin duda una forma extraña de que Pablo dijera que solo vio a dos apóstoles, Pedro y Santiago». Para decir eso, una oración mucho más simple sería suficiente. Entonces, ¿por qué el uso de una oración compleja en su lugar? Pablo quizás podría querer decir que consultó con Pedro (historeō) pero solo vio a Santiago (eidō), es decir, no discutió nada con Santiago. Pero si ese fuera su punto, se aseguraría de enfatizarlo, ya que sería esencial para su argumento. Sin embargo, no lo hace. De hecho, si está diciendo que no vio a ninguno de los otros apóstoles, eso implicaría que estaba afirmando que tampoco consultó con ninguno.”

CARRIER, OHJ, PP. 588-89

Y:

“De hecho, el griego aquí es bastante extraño, a menos que Pablo realmente quisiera decir «aparte de los apóstoles, vi solo a Santiago», lo que significa muy específicamente que este Santiago no era un apóstol. Por lo general, para decir que no vio ‘ningún otro apóstol’, escribiría heteron ton apostolon ouk (compárese con Rom. 7.23; 13.9; etc.) o oudena heteron tōn apostolōn (como suele hacer Pablo: por ejemplo, 1 Cor. 1.14; 2.8; 9.15; etc.) o cosas similares. Pero aquí Pablo, en cambio, eligió la inusual construcción (y para Pablo, sin precedentes) heteron tōn apostolōn. Sin oudeis, la palabra heteron más el genitivo de esta manera significa más a menudo «otro que», en lugar de «otro de». Entonces, Pablo simplemente estaría clasificando un encuentro con ‘Cefas’ como una reunión con ‘los apóstoles’ (como se anticipó en 1.17), y luego se aseguraría de nombrar a todos los cristianos con los que se encontró en esa ocasión (Cefas y Santiago) en anticipación de su afirmación de que nadie en Judea lo había visto nunca (1.22). Esta última afirmación sería una mentira si hubiera conocido a cualquier cristiano, incluso uno que no fuera apóstol, durante su visita a Cefas (en 1.18). Entonces, Pablo tiene que nombrar a todos los cristianos que conoció en esa ocasión. Y, mintiendo o no, ese número tenía que ser bajo para que su argumento se mantuviera. En consecuencia, Pablo dice que solo había alguien más: el hermano Santiago.”

CARRIER, OHJ, PP. 590

Los puntos que expongo aquí sobre el vocabulario y la gramática del griego antiguo podría confirmarlos yo mismo, pero los encontré por primera vez en un artículo revisado por pares de Trudinger (como menciono) que expone todo esto, con ejemplos que demuestran cada punto. En caso de que fuera importante, puedes conseguir el documento y leerlo tú mismo: L. Paul Trudinger, «[Heteron de tōn apostolōn ouk eidon, ei mē iakōbon]: A Note on Galatians I 19», Novum Testamentum 17 (julio de 1975), pp. 200-202. No sólo podrías utilizar una biblioteca cercana como se sugiere más arriba, sino que también podrías conseguir una suscripción anual de Google Pass a JSTOR (no tienes acceso a todo lo que hay en JSTOR, pero ésta es una de las cosas que puedes encontrar), lo que es razonable si estás con ganas de leer muchos trabajos revisados por pares en Humanidades como este, ya que muchos de ellos son accesibles de esta manera.

También se puede observar que cito en una nota a pie de página a otro experto revisado por pares que está de acuerdo (más o menos): Hans Dieter Betz, Galatians: A Commentary on Paul’s Letter to the Churches in Galatia (Fortress Press, 1979), p. 78. Que se encuentra en la serie de comentarios Hermeneia, en mi opinión la serie de comentarios sobre la Biblia más equilibrada y erudita que existe. No es totalmente impecable ni imparcial; pero basta con comparar a simple vista uno de sus comentarios con cualquier otro y se verá enseguida lo mucho más académicos y minuciosos que son, más preocupados por cuestiones de hechos históricos que por el sectarismo pastoral o la exégesis. Betz piensa que, en teoría, se podría leer el texto de cualquier manera, pero al final se pone del lado de Trudinger y concluye: «Aparentemente», este Santiago «no era considerado como un ‘apóstol’ ni como uno de los ‘doce'». Personalmente no creo que pueda leerse de otra manera, por las dos razones que cito: no hay ejemplos en griego antiguo del otro sentido en ninguna construcción convenientemente igual; y la frase es inexplicablemente enrevesada para que pretendiera tal sentido. Si todo lo que Pablo quería decir era que sólo vio a dos apóstoles, eso es lo que diría. No emplearía esta inusual y compleja construcción gramatical; el hecho de que lo hiciera significa que quería decir alguna otra cosa al hacerlo. Y sólo hay una cosa que podría haber querido decir al hacerlo: precisamente lo que Trudinger señala que a menudo se quería indicar al emplearla en griego. Cualquier otra conclusión es apologética a contramano de la probabilidad. Y los historiadores no deberían argumentar de esa manera.

Busqué en la literatura revisada por pares y sólo encontré un argumento contrario a Trudinger, y lo mencioné debidamente en OHJ: George Howard, «Was James an Apostle? A Reflection on a New Proposal for Gal. I 19», Novum Testamentum 19 (enero de 1977), pp. 63-64 (también en JSTOR). Howard admite todos los hechos de Trudinger, pero argumenta que uno podría, y quizá debería, volver a leer esta construcción en el otro sentido, pero sólo da dos argumentos para ello, y como observo en la correspondiente nota a pie de página: «El primer argumento de Howard queda refutado por el hecho de que tanto los apóstoles como Santiago son de la misma clase (todos son cristianos, que es precisamente lo que quiere decir Pablo), y su segundo argumento queda refutado por basarse en una premisa puramente especulativa que en realidad presupone que Pablo hubiese escrito una frase aún más enrevesada de lo que hizo». Ahora bien, esta observación sólo le servirá a alguien que compruebe lo que dice Howard y, por lo tanto, sepa a qué me refiero; y ése era el propósito al realizarla. Si alguien quiere comprobar a Howard y comparar los casos, entonces querrá saber por qué no me convence. De lo contrario, las razones que utilizo para llegar a mi conclusión están plenamente expuestas en el texto principal. Y no sólo varios académicos sino también muchos traductores están de acuerdo conmigo (no sólo la NVI sino la Biblia Literal de Berea, La Palabra de Dios y Darby). Así que para llegar a una conclusión diferente se requiere algo más que refutaciones débiles. La de Howard es la única refutación seria que existe. Así que sus argumentos tendrían que ser muy buenos para superar los argumentos ya presentados. Entonces, si usted no es un experto, ¿cómo puede saber si son buenos o no?

Erisología Aplicada

El estudio de la argumentación se llama erisología. La idea básica es que no hay que ser un experto en el tema que se discute; sólo hay que saber evaluar los argumentos en general. Se puede pensar como una habilidad específica para evaluar debates. Normalmente, la gente se limita a «ver un debate» y a tomar una decisión intuitiva sobre quién ganó o quién tenía razón (que muchos saben que no es lo mismo). Pero, ¿qué pasaría si se pudiera representar cuidadosamente lo que de hecho ocurrió en el debate para ver quién efectivamente presentó el caso más fuerte? Esto sería una función de la erisología. Otras funciones de la erisología son: cómo exponer los argumentos de forma más eficaz y persuasiva, cómo evitar monólogo sin escuchar ni responder al otro en una discusión, etc. «¿Por qué este tipo no logró persuadir a aquél?» es una pregunta clásica a la que la erisología trata de dar respuesta. Como ejemplo, véase el análisis de John Nerst sobre el debate Harris-Klein acerca de si es legítimo sugerir que los negros tienen, en promedio, un coeficiente intelectual más bajo que los blancos (notesé que puede que alguna vez haya sido legítimo plantear esa pregunta; pero no es legítimo pretender que no se ha respondido ya: véase mi discusión sobre Harris-Klein en Disarming the Motte and Bailey y sobre el argumento de The Bell Curve en general en That Luck Matters More Than Talent). En lugar de declarar un bando, Nerst decidió analizar lo que sucedió en el debate, lo cual resulta muy instructivo, y una buena manera de despejar la niebla para quien quiera conocer la respuesta.

Ya he hablado sobre un ejemplo de cómo hacer esto para Gálatas 1:19 en Ehrman and James the Brother of the Lord. Allí señalé que:

“George Howard, la única persona que ha respondido a Trudinger en la literatura revisada por pares (OHJ, p. 590, n. 101), observó que los ejemplos a los que Trudinger hizo referencia siguen implicando «una comparación entre personas u objetos de la misma categoría», como nuevos amigos y viejos amigos que pertenecen a la clase general amigos, y elementos indestructibles y elementos destructibles que pertenecen a la clase general elementos. Pero eso significa en realidad que Cefas y Santiago pertenecen a la misma clase (Hermanos del Señor, ya que Jesús es «el primogénito de muchos hermanos…»), lo que implica que la distinción es entre Hermanos del Señor apostólicos y no apostólicos, al igual que los ejemplos de Trudinger muestran un contraste que se hace entre elementos destructibles e indestructibles y viejos y nuevos amigos. La objeción de Howard confirma, pues, la misma lectura que yo señalo. Por lo tanto, no argumenta en absoluto contra Trudinger, que estaría de acuerdo en que tanto Cefas como este Santiago pertenecían a la misma clase de cosas: cristianos. La única otra objeción de Howard fue sugerir que Pablo podría haber dicho que Santiago no era un apóstol mediante una frase aún más enrevesada; cuando la Navaja de Occam implica lo contrario, que Pablo lo hubiera dicho, de haber tenido la intención de decirlo, de una manera mucho más simple, no más compleja; después de todo, sería mucho más fácil decir simplemente «conocí a dos apóstoles». Exactamente como observa Trudinger. (En OHJ hablo de otras formas más sencillas de decir lo mismo que sugiere Howard.)”

Aquí estoy explicando mi propio razonamiento, pero esto es realmente algo que una persona no experta podría haber hecho por sí misma, especialmente utilizando mis observaciones a pie de página sobre Howard en OHJ: podría leer a Trudinger y contar el número de argumentos que expone, anotar cada uno de ellos, y luego enumerar las pruebas que presenta para cada uno (en este caso, no necesita saber si alguno de estos hechos es cierto; todo lo que se está haciendo aquí es anotar cuál es el argumento y las pruebas presentadas); luego hacer lo mismo con Howard. A diferencia de los debates cronometrados, a Howard no se le impide incluir los argumentos y las pruebas por cuestiones de tiempo, y se trata de académicos serios, que se toman en serio mutuamente y que presentan argumentos sobrios en una publicación revisada por pares, por lo que normalmente no hay que preocuparse de que «algo se quede afuera». Tienes todo el caso que Howard tiene para hacer en frente. Primer paso: tacha todos los puntos de Trudinger con los que Howard está de acuerdo o que no cuestiona. Lo que te quede es el único material que importa de cara al futuro; ese es el único material en disputa. Observa que esto «podría» no ser cierto (cualquiera de los dos eruditos «podría» estar olvidando algo o metiendo la pata en algo), pero todo lo que tienes para seguir es lo que estos expertos en desacuerdo piensan decir, y lo que quieres hacer es evaluar en cuál de ellos confiar teniendo en cuenta lo que tienes, que es simplemente, lo que pensaron comentar. Ese es, en realidad, su trabajo como expertos, hacer un caso completo para su conclusión. Por lo tanto, estás haciendo uso del hecho de que son expertos aquí para potenciar tu propia decisión «no experta» con respecto a su disputa.

Siguiendo este procedimiento, descubriras que Trudinger presenta aún más argumentos de los que menciono, y que tienen cierto peso, aunque no tan grande. Por ejemplo, señala que Hechos 1:14 distingue a los hermanos de Jesús de los apóstoles, demostrando así una asunción de los primeros cristianos de que ellos (lo que incluiría a este Santiago) no eran en efecto apóstoles. Técnicamente cierto. Aunque podría proponer varias razones por las que esto podría ser un error, una forma idiosincrática o un cambio en los dogmas revisionistas, y no tiene que ver con el propio conocimiento de Pablo o la gramática que eligió emplear, así que no es un punto tan fuerte. Pero es un punto relevante. Y es uno al que Howard no ofrece respuesta. Como otro ejemplo, Trudinger cita a numerosos expertos revisados por pares que están de acuerdo con él, lo que también es pertinente señalar, pero por sí mismo simplemente se convertiría en una falacia de apelación a la autoridad. Queremos saber si él y los expertos que enumera tienen razón, o si los expertos (como Howard) que están en contra de ellos tienen razón, y no podemos decidirlo simplemente recontando a los académicos con opiniones similares. A pesar del teorema del jurado de Condorcet, la verdad no puede decidirse por votación, porque no sabemos si todos votan con la misma información o equidad. La pregunta que queremos responder es qué escuela de expertos tiene la razón en la disputa; no que exista una disputa de expertos. Eso ya lo sabemos.

Pero los datos más importantes que encontrarás son los dos en los que yo mismo me baso: no es probable que Pablo eligiera una construcción muy complicada para decir que conoció a dos apóstoles, mientras que sí es probable que lo haga para señalar específicamente que Santiago no era un apóstol (pero que, sin embargo, sí lo conoció y, por tanto, debe admitirlo); y otros casos de gramática similar en griego antiguo (aunque no tenemos un paralelo exacto para evaluar) significan justo lo que identifica Trudinger, no lo que quiere Howard, y por tanto es más probable que Pablo quiera decir lo mismo al usarlo aquí, que lo que todos los demás, en otros contextos, quisieron decir al usar una construcción similar en griego antiguo. Obsérvese que en cada caso no se está diciendo que sea imposible, sino que es improbable, lo cual sigue teniendo una fuerza propia que no se puede pretender que desaparezca. Si se pregunta qué es lo más probable, importa qué es lo más probable. Actuar como si no importara es cometer la falacia del posibilitador (ver Proving History, índice), es decir, argumentar «posiblemente, por lo tanto, probablemente», lo cual es una violación directa de la lógica, que rompe la primera ley de la lógica, la ley de la identidad, al afirmar falsamente que «posible» significa lo mismo que «probable». Y eso no hace falta ser un experto para comprobarlo.

Entonces, ¿qué tiene que decir Howard a modo de refutación? Él está de acuerdo con todas las pruebas expuestas por Trudinger, por lo que puedes marcarlas como indiscutibles. Tienes a ambos expertos confirmando esto; lo que significa que no tienes que confirmarlo tú mismo, y por lo tanto no necesitas aprender griego antiguo para seguir evaluando esta disputa de expertos. Los dos ejemplos que ambos coinciden en presentar y traducir correctamente son un pasaje de Tucídides en el que se dice philous poieisthai […] heterous tôn nun ontôn, «hacer amigos distintos de los actuales», y un pasaje de Pseudo-Aristóteles en el que se dice stoicheion ousan heteron tôn tessarôn, sobre el éter indestructible «siendo un elemento distinto de los cuatro» clásicos.

Ahora bien, podría decirte la razón por la que estas traducciones del griego son correctas, incluso sin tener en cuenta el hecho de que contextualmente no puede haber ninguna duda en cuanto al sentido pretendido en ambos casos (por eso Trudinger los eligió). Por ejemplo, podría señalar que aquí tenemos la palabra heteron, «otro», seguida de una afirmación en genitivo (las palabras aquí terminadas en -tôn), y el genitivo en griego tiene un sentido comparativo en las oraciones que están haciendo una comparación (véase Smyth §1433 y §1434; y Liddell & Scott A.III.1.c.gen.), que es lo que Pablo está haciendo muy probablemente aquí. Porque no dijo «x e y» (lo obvio), sino (curiosamente) «no x; sino y«, implicando que algo es diferente entre x e y, e incluso si eso fuera simplemente que uno es hermano de Jesús y el otro no, que sigue siendo una afirmación comparativa, lo que es el punto gramaticalmente relevante aquí -recuerde, no estamos aquí decidiendo si Santiago era o no hermano real de Jesús, sino sólo si era en este momento conocido como apóstol. Frase comparativa, invoca el genitivo de comparación. Por tanto, es «otro que» y no «otro de».

Pero eso no es lo que necesitas aquí. Necesitas ser capaz de evaluar si argumentos como este son sólidos, sin ser tú mismo experto en griego. Y lo que tienes en este caso es que Howard no discute ninguno de estos puntos. Y es todo lo que necesitas saber para luego evaluar la refutación real de Howard, que no es «Trudinger está leyendo mal el griego». En cambio, el argumento de Howard es (sic): «los dos ejemplos dados por Trudinger no sostienen en realidad el significado que él atribuye a Gal. 1:19. Heteros en cada caso hace una comparación entre personas u objetos de la misma clase de cosas», por ejemplo, como explica Howard, ambos objetos de comparación en Tucídides son «amigos», y ambos objetos de comparación en Ps.-Aristóteles son «elementos». Este es el único argumento que aporta a partir de esta observación. Sin embargo, no hace falta ser un experto para reconocer que lo que he dicho en cuanto a este punto es cierto, esto es que en Gálatas 1:19 ambos objetos de comparación son objetos de la misma clase de cosas, «cristianos». Y efectivamente ese es el punto explícito de la frase: Pablo necesita admitir con qué cristianos se encontró en esa ocasión, y por ello se ve obligado a nombrarlos y enumerarlos (como tu mismo puedes determinar, sin necesidad de conocimientos especializados, aplicando los mismos principios de erisología al argumento que Pablo está exponiendo en todo Gálatas 1, hasta el versículo 19 y siguientes, inclusive). Por lo tanto, puedes comprobar por ti mismo, sin necesidad de conocimientos de griego, que la afirmación de Howard sobre los hechos es falsa. Por lo tanto, debes tacharla como si no tuviera ningún peso en la disputa. Puntuación, cero.

Howard luego da otros dos argumentos enumerados que equivalen a diferentes variaciones del mismo argumento: que Pablo podría haber escrito algo más si hubiera querido decir que Santiago no era un apóstol. Si examinas cuidadosamente su redacción, Howard nunca da ninguna razón para suponer que Pablo lo haría de esa manera; todo lo que hace es afirmar la mera posibilidad. Lo cual no necesitas ser un experto para identificarlo como una falacia del posibilitador. Y las falacias son falacias; no se vuelven lógicas de repente porque las esté diciendo un experto. Por lo tanto, podrías descartar por tu cuenta el resto de sus argumentos como «no refutaciones», en realidad no contienen argumentos para las alternativas propuestas y, por lo tanto, no argumentan de ninguna manera en contra del punto de Trudinger.

Esto está claro incluso desde la lógica básica y, por lo tanto, es claro incluso para un no experto. Pero es aún peor para Howard, ya que los mismos principios de lógica básica hacen que esta evaluación sea aún más fuerte cuando se mira en qué consisten sus alternativas «posibles»: y éstas consisten en cada uno de los casos, como tu mismo puedes determinar, en una oración aún más larga y más complicada que la que escribió Pablo. Una vez más, no es necesario ser un experto en griego para saber que no es probable que ningún autor haga eso (y mucho menos un escritor consistentemente eficiente como Pablo). Ya es malo que Howard no haya dado ninguna razón para creer que sus alternativas fueran probables; es peor que todas sus alternativas sean de hecho improbables. Si Howard hubiera dado evidencia de que Pablo escribe constantemente de manera ociosa y con gramática complicada, entonces podría rebatir ese último punto, pero no lo hizo.

Por supuesto, Howard no lo hizo, porque no pudo: el estilo de Pablo es en realidad exactamente lo opuesto a eso; de hecho, la estructura extrañamente enrevesada en Gálatas 1:19 es inusual para Pablo, lo que en realidad es evidencia de que debe servir para algún propósito, y todos los expertos publicados (incluidos Trudinger, Betz y yo) hemos proporcionado un solo un motivo posible. Howard no proporciona ninguno y, por lo tanto, carece de una explicación de por qué Pablo eligió escribir una oración tan extraña para su estilo habitual. Pero nuevamente, como no experto, no necesitas saber si lo que acabo de decir sobre esto es cierto para evaluar para qué lado de esta disputa debes inclinarte, porque simplemente sigue siendo el caso de que Howard no te ha dado ninguna razón para creer que sus «alternativas” son incluso probables, menos aún cualquier razón para creer que no son improbables, y ya sabes que es generalmente improbable (y aquí de nuevo es improbable, no imposible; pero una improbabilidad debe tener aún su fuerza) que los autores prefieran formas más largas y complicadas de decir las cosas. Puede que todavía te resulte interesante escuchar de un experto como yo el por qué Howard no pudo presentar ninguna evidencia que respalde su posición pretendida sobre estos puntos; pero no necesitas saberlo para darte cuenta de que él no lo hizo. Y eso es todo. Puntuación, cero.

Entonces, al final, un no experto podría preguntarse cómo se puede traducir el griego extrañamente enrevesado que parece decir “otro diferente, pero de los apóstoles no vi sino a Santiago” (heteron de tôn apostolôn ouk eidon ei mê Iakôbon). Pero hay muchas fórmulas en griego antiguo que no tienen traducción directa uno a uno en nuestras lenguas modernas. Tenemos que comprender el sentido y luego averiguar con qué palabras diríamos lo mismo en nuestro idioma. Pueden ser palabras muy diferentes, como «No vi a ningún otro apóstol. Sino a Santiago” (es decir,“ No [ouk] vi [eidon] otro [heteron] de los apóstoles [tôn apostolôn]; sino [ei ] a Santiago [Iakôbon]”; nótese que Pablo emplea ei mê, de una forma que podemos traducir en español como «sino», en un sentido similar en el versículo 7). Pero sin un dominio del griego no sabrás con certeza quién te está dando una buena traducción, especialmente en casos como éste, donde los elementos gramaticales y su disposición son diversos y complejos.

Pero lo que sí puedes saber, incluso si no eres un experto, es lo que dicen inclusive los expertos que discrepan entre sí: Howard no discute que la traducción de Trudinger sea correcta si no fuera por la afirmación de Howard de que Gálatas 1:19 no está comparando objetos de la misma clase; así que una vez que nos damos cuenta de que sí está comparando objetos de la misma clase, la única objeción de Howard a la traducción de Trudinger se evapora. Todo lo que queda es Howard insistiendo en que Pablo podría haber dicho lo mismo de otra manera (aunque de manera aún más intrincada), lo cual no es realmente una objeción a Trudinger, sino una especie de contrafactualidad especulativa sobre otras formas en que Pablo podría haber escrito la frase, desprovista de cualquier argumento real de que tuviera que hacerlo o tan siquiera de que fuera probable que lo hiciera. Lo que incluso un no experto puede ver no es un argumento. Por lo tanto, en esta disputa se puede saber qué experto tiene razón, sin necesidad de ser un experto.

Conclusión

Este análisis puede haber sido útil para evaluar esta única cuestión en los estudios sobre Jesús y la Biblia. Pero lo que espero que puedas obtener de él es un conjunto de principios generales sobre cómo evaluar cualquier disputa de expertos sin tener que ser tú mismo un experto. Se necesitan algunas habilidades -lógica básica, pensamiento crítico, dominio del inglés (o del idioma en el que se desarrolle el debate), la capacidad de desglosar un argumento hasta su estructura y esencia (para, como dijo una vez Galeno, «repetir los argumentos con tus propias palabras»), pero son habilidades que todo ciudadano del mundo debería dedicarse a desarrollar. De hecho, son habilidades que se necesitan en cualquier materia en la que uno sea experto (ya sea en hacer hamburguesas, en tejer o en física), y son habilidades que pueden aplicarse a todos los campos del conocimiento humano, la investigación y la confrontación. Por lo tanto, son las habilidades que más importa tener. Pero una vez que las tienes, incluso a un nivel básico, puedes hacer lo que se describe aquí, en cualquier situación.

Que es:

  • Averiguar cuáles son todos los argumentos de expertos en una determinada disputa aplicando la técnica del hombre de acero o el principio caritativo, lo que a menudo significa buscar los argumentos que han sobrevivido a la revisión por pares o, en su defecto, buscar los argumentos que te parezcan mejores; y siempre puedes preguntar por ahí, sobre todo a personas en cuyo juicio ya confías, dónde están los mejores argumentos. (Y si hay muchos argumentos, empieza por el que consideres más importante o persuasivo, y ve bajando desde ahí hasta que estés satisfecho de cómo se van desarrollando las cosas).
  • A continuación, esquematiza esos argumentos para poder enumerar cada uno de ellos por separado.
  • Luego, bajo cada uno, enumera las evidencias citadas en su apoyo.
  • Posteriormente, tacha todo lo que ninguna de las partes discute, y mira lo que queda.

Si lo que queda incluye falacias lógicas (como argumentos de posibilidad que se hacen pasar por argumentos de probabilidad), táchalos también. Y si lo que queda es sólo una discusión sobre un hecho («Pedro y Santiago no son miembros de la misma clase de cosas» contra «Pedro y Santiago son miembros de la misma clase de cosas»; o «hay más evidencias de Jesús que de Alejandro Magno» contra «hay menos evidencias de Jesús que de Alejandro Magno»), comprueba tú mismo el hecho. Si la comprobación de ese hecho requiere una competencia que no tienes, entonces es posible que tengas que involucrar a más expertos para que te ayuden a entender quién no está diciendo la verdad. Pero a menudo puedes comprobar tú mismo la mayoría de las afirmaciones simples. Y si es necesario, detectar a una de las partes dando información falsa o basándose en premisas inexactas -especialmente si lo hacen más de una vez, o de forma más descarada que trivial- puede ser suficiente para desconfiar de ellos en la discusión en general. Así que, si eso es todo lo que puedes hacer, siempre puedes elegir para examinar las afirmaciones sobre hechos que puedas abordar, con el fin de evaluar la fiabilidad general de cada parte. Pero te sorprenderá la frecuencia con la que puedes comprobar los hechos y la lógica de las afirmaciones de los expertos fuera de tu campo, si lo haces de forma competente (para algunos ejemplos que creo que cualquiera podría haber conseguido de esta forma sin mi ayuda, a parte del que acabo de analizar aquí, véase, The Korean “Comfort Women” Dust-Up and the Function of Peer Review in History y Shaun Skills).

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